Ahora lo sé y puedo decirlo.
Cada cosa que hago o no hago, es solo por salvarme.
Cuando la felicidad depende de cómo se sientan los que te rodean, de gustar a cualquier precio, de no defraudar, uno corre el riesgo de perder autenticidad por el camino, de perder incluso el norte por ese molde que ni queremos ni nos pertenece.
Somos lo que somos porque venimos de donde venimos. Casi todo se reduce a eso, y ahí se da uno cuenta del programa familiar e historial emocional que arrastra y del que tiene que, no solamente extraer lo positivo (si lo encuentra), sino eliminar todo aquello que pudiera intoxicar con su recuerdo una vida ahora definida por la madurez adquirida con el paso del tiempo y con la capacidad de apartar lo que el azar asignó para cambiarlo por lo que quieres para ti en el presente y futuro.
¿Cuanto hace que no te emocionas de verdad? ¿Te hicieron creer alguna vez que mostrar sensibilidad era un error? ¿Te hicieron sentir miedo a no conseguir lo que te propones, o acaso te hicieron sentir miedo a tu capacidad para conseguirlo precisamente para que no se te ocurriera intentarlo?
Siempre suponemos que, por defecto, la gente que dice querernos querrá lo mejor para nosotros. Pero no siempre es así. Quien te quiere de verdad, aceptará y entenderá tus demandas para transformarlas y provocar una dimensión mayor en el entendimiento entre ambos. La sinceridad mal empleada roza la mala educación y no tiene razón de ser. Estoy aprendiendo a aceptarme a mí mismo, tal como soy, pero también a no aceptar cualquier cosa que se me diga o insinúe, porque aquel que exterioriza un juicio basado en el odio, el rencor o la envidia, y que pretende destruir o echar abajo tu castillo de naipes, está hablando más de sí mismo que de lo que expone. Porque el miedo a lo diferente puede dejar al descubierto a quien no tiene intención de cambiar ni aprender a ponerse en la piel del otro.
La empatía no es algo que se tenga a voluntad un día cualquiera. No. La empatía se trabaja, y se trabaja duramente porque es el mejor recurso emocional que conozco.
Te aseguro que no hay mayor daño ni abandono que el que uno se puede llegar a hacer a sí mismo.